Compré un catalejo y me puse a ver a un metro de distancia frente a un espejo mi persona y pude presenciar de que no estaba tan lejos de lo que creía estar. Mi consorte furtivamente se quedaba viendo, no tengo la menor idea que elucubraciones se ha formado de mis experimentos. También puse una linterna en una mesa, la encendí y me posicione frente a ella y alumbraba completamente mi rostro y el reflejo de esa luz sirvió para darme cuenta que yo tenía que guiarme.
sábado, 26 de febrero de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
Anodino gusto
En una lectura de varios sueltos de libros, me gustó uno de esos pensamientos que son buenos, tal vez viejos para unos pero nuevos para otros, trillados para unos y para otros novedosos, lo interesante es que dejan algún mensaje y se toma con avidez depende del estado de ánimo con que se encuentre el lector. Lo bueno de mi alter ego que siempre está de buena armonía con el mismo. Y en un estado de fiebre libresca, enardecida y inflamada me causó impresión efímera este sencillo aforismo: “ Comprenda que si bien la audacia no es natural, tampoco lo es la timidez “ ( Que anodino gusto )
lunes, 21 de febrero de 2011
Nadería
No me interesa lo que debo ser, porque hace varias lunas, soy, y si soy, debo ser lo que me interesa, y que me interesa “Nada “ y entonces que soy, ”Nada “ y pensar que todo nació de la nada, lo que ahora es y seguirá siendo, a excepción de Dios.
domingo, 20 de febrero de 2011
Despertar espiritual
No lo veo, pero lo siento, sentir es percibir, mi código genético lo acepta y no lo rechaza, siento un despertar espiritual raudamente, que no sé, que es, pero una fuerza superior a la mía, ha ganado terreno en ese paramo desértico de mi existencia donde paulatinamente mis incredulidades se están desvaneciendo y una luz de varios colores que no puedo descifrar, cada día se agiganta más en lo recóndito de mi ser, reitero no sé que es, pero me gusta que sea.
jueves, 17 de febrero de 2011
Puede ser que sí, puede ser que no.
Los hindúes cuentan la historia del campesino al cual se le murió el burrito con el cual llevaba el mercado al pueblo y fue a consultar a un anciano venerable y preguntarle Esto será para mi lo peor que me pudiera suceder, el viejo sabio le respondió: “ Puede ser que si y puede ser que no “.El hombre no quedo contento con esa respuesta pero en esos días apareció en el campo un caballo sin dueño y remplazó al burro que había muerto. El campesino corrió a consultar al anciano” Esto será lo mejor que me pueda ocurrir. Y la respuesta fue “ Puede ser que sí puede ser que no” algo decepcionado volvió al campo, y al día siguiente su hijo se monto en aquel caballo, el cual se dedicó a corcoviar y lo derribo por el suelo, partiéndole una pierna. El consultante volvió a preguntar al viejo” Esto será lo peor que me pueda suceder” Y obtuvo la misma respuesta “Puede ser que sí, puede ser que no. Y sucedió que en esa semana llegaron los del ejercito para llevarse para la guerra a todos los jóvenes del pueblo, pero al hijo del campesino no se lo llevaron porque tenía un pie enyesado.
Moraleja; En las cosas de la vida solo Dios sabe lo mejor.
Tomado del Libro: No se disguste por pequeñeces. R. Carlson y E Sálesman
Mi Papá y mi Mamá
Los libros son mi Papá, mi Mamá son mi familia, que sería de mi existencia sino fuera por los venerables libros. Amo los libros con entrañable pasión. Para definir el concepto de mi identidad. “ YO Y LOS LIBROS “
sábado, 12 de febrero de 2011
Graduar el subsidio del gas
Recientemente llamó mi atención una conversación que sostenían dos señoras sobre el próximo incremento del precio del gas licuado.
Era una de esas charlas tan coloquiales, en las que sin lenguaje prefabricado, se vierten razones muy válidas sobre el diario vivir.
Una de ellas decía que no entendía eso del subsidio; lo del recibo de la luz; lo de un papel que le dieron; y que quizás solo era una bulla.
Pero... mire –recalcó–, a otras cosas ya les aumentaron...
Y así transcurrió el conversatorio que finalizó una de ellas diciendo: “Es que mire, cuando hay bulla, no hay puntada sin hilo; de seguro que le van a venir subiendo al tambo de gas”.
La charla de esas dos señoras aludía a ese famoso subsidio del gas licuado que ya no se va a poder dar y a que como resultado el valor de cada tambo va a valer más.
Subsidio es un término derivado del latin “subsidium” que se entiende como prestación pública asistencial de carácter económico y de duración determinada.
Un subsidio es la diferencia entre el precio real de un bien o servicio y el precio cobrado al consumidor de estos bienes o servicios. Dentro de ello está el subsidio directo que es el que el gobierno paga como una parte del servicio a algunos consumidores. Ahora bien el diccionario dice: Subsidio es ayuda o auxilio económico o extraordinario concedido por un organismo oficial.
Alguien dijo que la economía para un gobierno es como montar en bicicleta en la que para seguir avanzando hay que mantener el equilibrio; y es que también la economía de un país crece cuando producimos los ciudadanos, no cuando gasta un gobierno.
Sin duda, se necesita seguir subsidiando el gas licuado en esta depauperada situación que vivimos los salvadoreños. Es sabido que el gobierno está haciendo esfuerzos ingentes para no dañar el bolsillo de los salvadoreños. También es comprensible por muchos ciudadanos que el gobierno no tiene recursos por la misma crisis mundial. Pero el problema de este aumento en el precio del gas no se verá mucho en las grandes empresas ni en las medianas, sino se va a sentir en la microempresa en los dueños de pequeños negocios, verbigracia las pupuserías, que son las que más consumen diariamente gas licuado, y también en similares grupos de trabajo que a la vez de ser pequeños negocitos son fuentes indirectas de empleo y hasta de supervivencia de familias enteras que de ellos están subsistiendo, cuando ninguno de ellos está trabajando.
El gobierno debería de ir subiendo gradualmente el incremento del valor de los famosos tambos de gas, con la anuencia de representantes de estos pequeños negocios.
Así como en algunos países la comida tradicional de la gente son las hamburguesas, en nuestro medio lo son en gran medida las pupusas.
Aquí se puede encarecer cualquier cosa, pero para nosotros los guanacos son las pupusas, que son con las que nos hemos alimentado desde niños, por lo que no debe propiciarse que se encarezcan.
Los salvadoreños sabemos que esta situación tiene que pasar, que no nos damos por vencidos fácilmente, que estamos aprendiendo a vivir con la crisis, que cuando surge la necesidad surge la vitalidad laboral de nuestro espíritu. Son más de 100,000 pequeños negocios en el país a los que debemos defender.
Hay que encontrarle la punta del ovillo del conversatorio que hablaban las dos señoras a las cuales me referí al iniciar este artículo.
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